De la Medicación






descargar 1.5 Mb.
títuloDe la Medicación
página14/32
fecha de publicación06.06.2016
tamaño1.5 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Biología > Documentos
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   32

Pregunta Segunda
¿De qué forma contribuye el ayuno al bienestar corporal?

Cuando quiera que ayunas, el cuerpo no tiene que trabajar en la digestión. Durante ese periodo el cuerpo puede dedicarse a expulsar células muertas y toxinas. Es exactamente igual a cuando un día que tienes vacaciones, ya sea un sábado o un domingo, te vas a casa y dedicas todo el día a la limpieza. Estuviste tan ocupado y atareado toda la semana que no pudiste limpiar la casa. Cuando el cuerpo no tiene nada que digerir, cuando no has comido nada, el cuerpo comienza a autolimpiarse. Se inicia el proceso espontáneamente y el cuerpo comienza a expulsar todo lo que no necesita, que es como una carga. El ayuno es un método de purificación. Es her­moso ayunar de vez en cuando -estar sin hacer nada, sin comer, sólo descansando-. Ingiere tanto líquido como puedas y descansa, y el cuerpo se limpiará.

Algunas veces, si sientes que necesitas un ayuno más largo, puedes ayunar más prolongadamente, pero sé profundamente amo­roso con tu cuerpo. Y si sientes que el ayuno está perjudicando al cuerpo de algún modo, detenlo. Si el ayuno está ayudando a tu cuerpo te sentirás más energético; te sentirás más vivo, rejuveneci­do, vitalizado. Este debería ser el criterio. Si empiezas a sentirte más débil, si sientes que el cuerpo comienza a sobrevenirle un sutil temblor, entonces ten cuidado, ahora la cosa ya no es una purifica­ción, se ha vuelto destructiva. Detenlo.

Pero uno debería conocer toda la ciencia del ayuno. De hecho, se debería ayunar en las proximidades de alguien que haya ayuna­do mucho y que conozca toda esa senda muy bien, que se conozca todos los síntomas: si se vuelve destructivo, qué es lo va a empezar a ocurrir; si no es destructivo, qué es lo que pasará entonces. Tras un ayuno realmente purificador te sentirás nuevo, más joven, más limpio, más liviano; más feliz; y el cuerpo funcionará mejor porque ahora se ha desecho de una carga. Pero el ayuno es necesario sólo si has estado comiendo mal. Si no has estado comiendo mal no hay necesidad de ayunar. Es necesario ayunar sólo cuando ya le has hecho algún mal al cuerpo -y todos hemos estado comiendo mal.

Pregunta Tercera
¿Recomiendas algún tipo particular de comida o régimen alimenticio?
Primero de todo: yo no soy partidario del ayuno, soy partidario de festejar. Todo mi planteamiento consiste en celebrar. No estoy en contra de vuestros placeres; no lo son todo y se debe ir más allá, pero en sí mismos son hermosos. No se debe rechazar nada, porque la parte rechazada tomará revancha. Tan pronto como empiezas a rechazar algo te pones en contra del Tao. El Tao con­siste en ser natural: festejar en vez de ayunar. Se debe utilizar el ayuno cuando surge de modo natural.

Los animales ayunan a veces. Es posible que hayas observado ayunar a tu perro: le pones la comida y no se la come. Pero no es un jaina, no es un creyente del ayuno; es que no se siente con ganas de comer. No es una cuestión de principios, no se trata de una filo­sofía. Está enfermo y todo su ser se resiste a comer; más que comer lo que le gustaría es vomitar. Va, come hierba y vomita. Le gustaría aliviarse, su estómago no está en condiciones de digerir nada más. Pero no es un ayunador, hace lo que es natural.

Así pues, si sientes que el ayunar surge de modo natural no como una ley, no como un principio, no como una filosofía que haya de seguirse o como una disciplina que se impone- está bien. Aun así, recuerda que también ese ayunar está al servicio de tu fes­tejar, para que puedas comer bien otra vez. El propósito de ayunar es un medio, nunca un fin; y el ayunar sucederá raramente, sólo de vez en cuando. Y si eres perfectamente consciente mientras comes y estás disfrutando, nunca comerás demasiado.

En lo que yo insisto no es en la dieta sino en la consciencia. Come bien, disfruta tremendamente haciéndolo. Recuerda, la regla es: si no disfrutas de tu comida tendrás que comer más para com­pensar. Si disfrutas de tu comida comerás menos, no tendrás nece­sidad de compensar. Si comes lentamente, saboreando cada pequeño bocado y masticándolo bien, te encontrarás completamen­te absorto haciéndolo. Comer debería ser una meditación.

No estoy en contra del gusto porque no estoy en contra de los sentidos. Ser sensitivo es ser inteligente, ser sensitivo es estar vivo. Lo que llamáis religiones han intentado insensibilizaros, embotar vuestros sentidos. Están en contra del gusto, quisieran conseguir que tu lengua se embotara totalmente para que así no saboreara nada. Pero ese no es un estado saludable; la lengua se embota sólo cuando estás enfermo. Cuando tienes fiebre la lengua se embota. Cuando estás sano la lengua es sensible, está viva, palpitante, pul­sante de energía. No estoy en contra del gusto, estoy a favor del gusto. Come bien, saborea bien; el gusto es divino.

Y de este modo, exactamente -igual que con el gusto, es como tienes que contemplar la belleza y disfrutarla; es como tienes que escuchar la música y disfrutarla; es como tienes que palpar las rocas y las hojas y los seres humanos -su calidez, su textura- y disfrutar haciéndolo. Utiliza todos tus sentidos, utilízalos en su grado óptimo, entonces vivirás realmente y tu vida se inflamará. No estará embotada sino inflamada de energía y vitalidad. No estoy con esa gente que te ha enseñado a matar tus sentidos; esa gente está en contra del cuerpo.

Y recuerda: el cuerpo es tu templo, el cuerpo es un don divino. Es tan delicado y tan hermoso y tan maravilloso... matarlo es ser desagradecido con Dios. Dios te ha dado el gusto; tú no lo has cre­ado, no es algo que dependa de tu voluntad. Dios te ha dado ojos; Dios ha hecho este mundo psicodélico tan colorido y te ha dado ojos. Permite que haya una gran comunión entre el ojo y el color del mundo... todo en una inmensa armonía. No rompas esta armonía.

Los así llamados mahatmas están enredados en el ego, y la mejor manera de sentirse importante es ponerse en contra del cuer­po. Los niños lo hacen. El niño siente el espasmo en su vientre pero lo reprime; se siente poderoso porque percibe el poder de su volun­tad: su voluntad de no rendirse al cuerpo. Su vejiga está llena pero retiene la micción. Quiere mostrarle al cuerpo: «Yo no soy tu sier­vo, soy tu amo». Pero estos hábitos son destructivos.

Escucha a tu cuerpo. El cuerpo no es tu enemigo; y cuando el cuerpo diga algo, actúa en consecuencia, porque el cuerpo posee su propia sabiduría. No lo perturbes, no te enredes con lo mental. Es por esto que no te enseño ninguna dieta sino que sólo te enseño a ser consciente. Come con plena consciencia, come meditativamen­te, y entonces nunca comerás demasiado y nunca comerás dema­siado poco. Demasiado es tan malo como demasiado poco. Comer demasiado es malo, al igual que ayunar demasiado; son posturas extremas. La naturaleza quiere que estés en armonía, que te man­tengas en equilibrio, que estés en el medio, ni más ni menos. No te vayas a los extremos.

Irse a los extremos es ser un neurótico. De modo que hay dos tipos de neuróticos respecto de la comida. Unos son los que no escuchan el cuerpo y siguen comiendo: el cuerpo llora y grita «alto!» pero ellos siguen. Son gente neurótica. Y luego está la otra variedad: el cuerpo está gritando «¡tengo hambre!» y ellos siguen ayunando. En ambos casos no se trata de religiosidad, se trata de neurosis, ¡de patología!; necesitan tratamiento, necesitan ser hospi­talizados. Una persona religiosa es aquella que está equilibrada, que haga lo que haga conserva siempre el término medio. Nunca se va a un extremo porque todos los extremos crean tensión y ansie­dad. Cuando comes demasiado hay ansiedad porque el cuerpo está sobrecargado. Cuando no comes lo suficiente hay ansiedad porque el cuerpo está hambriento. Una persona religiosa es aquella que sabe dónde detenerse; y eso es algo que debería aflorar desde tu propia consciencia, no en base a ninguna enseñanza en particular.

Es peligroso que te diga cuánto debes comer porque no será más que un promedio. Algunas personas son muy delgadas y otras muy gruesas, y si te digo cuánto debes comer -«tres chappatis»­ puede que para uno sea demasiado y casi nada para otro. Por eso no enseño reglas rígidas, simplemente te doy un sentido de la cons­ciencia. Escucha a tu cuerpo: tienes un cuerpo diferente. Y luego hay diferentes tipos de energías y diferentes tipos de implicaciones. Si alguien es profesor en la universidad no desplegará mucha energía a nivel corporal, de modo que no necesitará comer mucho y necesitará un tipo diferente de comida. Alguien que sea un obre­ro necesitará mucha más comida y de un tipo diferente. Por tanto, un principio rígido será peligroso. No se puede dar ninguna regla como regla universal.

George Bernard Shaw decía que sólo hay una regla de oro: que no hay reglas de oro. Recuérdalo: no hay reglas de oro; no puede haberlas porque cada individuo es tan único que nadie puede pres­cribirlas. Así que yo te doy simplemente una orientación... Y no es una orientación acerca de principios o leyes; mi enfoque es el de la consciencia, porque puede que hoy necesites más comida y puede que mañana no necesites tanta. No es sólo cuestión de que eres diferente a los demás; es que cada día de tu vida es distinto de cual­quier otro día. Si has estado todo el día descansando puede que no necesites mucha comida. Si has estado todo el día en el jardín cavando un agujero puede que necesites mucha comida. Lo que se debe hacer es simplemente estar alerta y ser capaz de escuchar lo que el cuerpo dice. Ve de acuerdo con el cuerpo.

El cuerpo no es ni el amo ni el esclavo; el cuerpo es tu amigo, ofrécele tu amistad. Aquel que come demasiado y el que anda con dietas están ambos metidos en la misma trampa. Ambos están sor­dos; no escuchan lo que su cuerpo les dice...

Come por el placer de hacerlo; entonces serás un hombre, un ser humano, un ser superior. Ama por el placer de amar; entonces serás un hombre, un ser superior. Escucha por el placer de escuchar y te liberarás del confinamiento de los instintos.

Yo no estoy en contra de la felicidad; yo estoy a favor de ella. Soy un hedonista y esta es mi comprensión: todas las personas de gran espiritualidad del mundo han sido siempre hedonistas. Si alguien no es hedonista y pretende ser una persona espiritual, no lo es; lo que es un psicópata, pues la felicidad es la verdadera meta, el verdadero origen y la verdadera finalidad de todas las cosas. Dios persigue la felicidad a través tuyo de millones de maneras. Permítele obtener cuanta felicidad sea posible y ayúdale a alcanzar cotas más altas, cumbres más elevadas de felicidad. Entonces es cuando serás religioso y tus templos serán lugares de celebración y tus iglesias ya no serán tan feas y tristes, tan sombrías y muertas como cementerios. Será entonces cuando habrá risas y cantos y danzas y un inmenso regocijo.

Las religiones han sufrido muchísimo debido a esas gentes que han estado enseñando maneras de autotorturarse. La religión debe librarse de todo este disparate. A la religión se le ha adherido una gran cantidad de basura. La religión esencial no es sino gozar. De modo que todo lo que te produzca gozo es virtuoso; todo lo que te produzca tristeza, infelicidad o miseria es un pecado. Que ese sea tu criterio.

Y no te doy reglas rígidas porque sé como funciona la mente humana. Cuando se da una regla rígida uno se olvida de la cons­ciencia y comienza a seguir la regla rígida. No es cuestión de reglas rígidas; puedes seguir una regla y no crecer jamás.

Escucha algunas anécdotas:
Cuando Benny llega a su casa se encuentra con un montón de loza rota en la cocina.

-¿Qué ha pasado? -pregunta a su esposa.

-Algo anda mal con este libro de cocina -le explica ella.

Dice que para las medidas basta con una vieja taza sin asa y he tenido que hacer once intentos antes de poder arrancarle a una el asa sin romperla.

O sea que si el libro de cocina lo dice, hay que hacerlo. La mente humana es estúpida, recuérdalo. Cuando tienes una regla rígida la sigues.
Cuando el gran hombre se encontraba con el populacho, lo que el gran hombre decía se hacía. Sonó el timbre de la mansión del gran hombre y el sirviente acudió a la puerta. Oteó por la mirilla y, reconociendo al visitante, le abrió la puerta.

-Deje su paraguas en la puerta - dijo el sirviente.

-No traigo paraguas -respondió el visitante.

-Entonces regrese a su casa y traiga uno o no podré dejarle pasar. El jefe me ha dicho que todo el mundo tiene que dejar su paraguas en la puerta.
Una regla es una regla.
Era una cacería desesperada pero el coche de policía estaba ya a punto de alcanzar al de los ladrones de bancos cuando súbita­mente hizo un giro y entró en una gasolinera. Desde ahí el policía telefoneó a su jefe.

-¿Los atrapaste? -preguntó ansioso el jefe.

-Tuvieron suerte -replicó el policía-. Sólo un kilómetro más y los hubiera atrapado en la barrera, pero entonces me di cuen­ta de que habíamos llegado a los cinco mil kilómetros desde la última revisión y tuve que parar a cambiar el aceite.

¿Qué puedes hacer si hay que cambiar el aceite cada cinco mil kilómetros y los cinco mil kilómetros ya han pasado? Pues cambiar el aceite primero de todo.

Yo nunca doy reglas rígidas porque sé lo estúpida que es y puede llegar a ser la mente humana. Yo simplemente doy una percepción, un sentido de la dirección. Comes demasiado porque eres inconsciente, no sabes lo que estás haciendo. Te pones celoso, te vuelves posesivo porque eres inconsciente y no sabes lo que haces. Te vuelves loco de ira, te pones casi como un poseso cuando estás iracundo, y haces cosas que ni sabes lo que haces.

Jesús dijo en la cruz -fueron sus últimas palabras pero son de enorme importancia-. «Padre, perdona a esta gente porque no sabe lo que hace». Ahora bien, la cristiandad no ha interpretado nunca estas palabras correctamente. Él está diciendo: «Estas perso­nas son inconscientes. No tienen ni idea de lo que es la conscien­cia, de modo que no pueden ser responsables. Hagan lo que hagan lo hacen dormidos; son sonámbulos, dormidos andantes. Por favor, perdónalos. No se les puede pedir responsabilidades». ­

Por eso, cuando comes demasiado le rezo a Dios así: «Padre, perdónalo. No sabe lo que hace». Cuando ayunas, nuevamente he de orar a Dios: «Perdónalo porque no sabe lo que está haciendo». La verdadera cuestión no es qué hacer sino traer la consciencia a tu ser, y esa consciencia lo cambiará todo. Sois como borrachos.
Mike le dijo a Pat que se iba a un velatorio y Pat se ofreció a acompañarle. Por el camino Pat sugirió que podían echarse un trago o dos y ambos agarraron una buena cogorza. Como consecuencia Mike se encontró con que era incapaz de recordar las señas del velatorio.

-¿Dónde está la casa de tu amigo? -preguntó Pat.

-Me olvidé del número, pero estoy seguro de que era en esta calle.

Caminaron unos minutos más y Mike se detuvo bizqueando en una casa pensando que ya habían llegado. Así que entraron tamba­leándose aunque el recibidor estaba a oscuras. Abrieron una puerta y descubrieron un salón que también estaba completamente a oscu­ras con la excepción del tenue flamear de unas velas sobre un piano. Se acercaron al piano y allí se arrodillaron y rezaron. Entonces Pat se detuvo y le echó una larga mirada al piano.

-Mike -dijo-, no conocí a tu amigo pero la verdad es que tenía una buena fila de dientes.
Esta es la situación. Los humanos son así. Lo único que quisie­ra es darte a probar el sabor de la consciencia. Ello cambiará toda tu vida. No es cuestión de disciplinarse, es cuestión de iluminarse desde el interior.

Pregunta Cuarta
¿Cuál es la relación entre la comida y nuestras emociones?

Puede que lo hayas observado: si tienes una relación amorosa que fluye muy bien no comes mucho, nunca necesitas hacer una dieta. El amor te llena tanto que no hay necesidad de atiborrarse de toda clase de porquerías. Sin amor te sientes muy vacío. Ese vacío te hiere y quieres llenarlo con algo. ¿Y por qué eliges comer? Porque el amor y la comida se encuentran asociados psicológica­mente.

El bebé recibió ambas cosas simultáneamente, comida y amor, del pecho de su madre. Siempre que la madre le amaba estaba dese­osa de darle el pecho, y cuando no le amaba y estaba enfadada solía retirarle el pecho. Además, su primer contacto con un cuerpo ajeno fue con el pecho de la madre.

No es de extrañar que todos los pintores, escultores o poetas estén obsesionados con el pecho femenino. Parece completamente increíble que durante millones de años los pintores hayan pintado los pechos femeninos y los escultores hayan desperdiciado toda su vida tallándolo en piedra, en mármol... Si has estado en algún tem­plo hindú, como el Khajuraho, no te lo puedes creer.

Todavía hay -treinta templos en pie allí. Y debió de haber cien­tos de ellos, porque hay muchas ruinas. Pero incluso estos treinta templos... con sólo que hubiera uno sería increíble; pensar en trein­ta le hace a uno marearse. Basta con ponerse a contar la cantidad de mujeres desnudas que hay esculpidas en un sólo templo para vol­verse loco. Tendrías que empezar una y otra vez, porque en cada pilar y en cada pared y en todas partes hay miles; no hay ni un sólo centímetro cuadrado sin esculpir. Y con unos pechos enormes que sólo son obra de la imaginación, porque unos pechos así de inmen­sos no pueden existir. ¡Imagínate a una mujer levantándose con todo ese peso! Y Khajuraho no es el único lugar. En la India hay miles de templos -Puri, Konarak, Ellora-, bellamente esculpidos pero por una mente enferma.

¿Por qué todos estos pintores, grandes pintores de todo el mundo, siguen pintando pechos? De algún modo fueron niños des­validos, privados del amor de su madre. Y más o menos todo niño se ha visto apartado de los pechos antes de tiempo. Únicamente en las sociedades aborígenes se le da el pecho al niño todo el tiempo que quiera, y esas son las únicas sociedades donde nadie está obsesionado con los pechos. No tienen ningún cuadro con pechos pin­tados, ninguna escultura con pechos, ninguna poesía o canción que hable de ellos, nada. Los pechos no aparecen para nada en su ima­ginación.

Es debido a los pechos que el amor y la comida se encuentran asociados en lo profundo de la mente. Por eso siempre que no eres amado comienzas a comer y a atiborrarte. Cuando eres amado este atiborrarse desaparece por sí sólo, ya no hay necesidad. El amor es tan nutritivo, tan sutil e invisiblemente nutritivo que, ¿quién desea mascar chicle? ­

No puedo creer que los seres humanos sean gomas de mascar. ¿Se ha vuelto loco todo el mundo? El chicle no puede nutrirte en absoluto pero debe de proporcionarte alguna otra cosa, algo psi­cológico. Tal vez lo sigues mascando porque es un substituto del pecho.

Ningún animal come como el hombre; todos los animales tienen su comida favorita. Si traes búfalos al jardín y los dejas ahí, comerán sólo de una hierba en particular. No comerán de todo ni cualquier cosa, son muy melindrosos. Poseen un cierto instinto acerca de la comida. El hombre está completamente perdido, no tiene ningún instinto alimenticio. Se come cualquier cosa. De hecho no puedes encontrar nada que no sea comida aquí o allá para el hombre. Hay lugares donde comen hormigas. Hay lugares en los que comen serpientes. Hay lugares donde comen perros. El hombre come de todo. El hombre está simplemente loco. Desconoce lo que se halla en resonancia con su cuerpo y lo que no lo está. Está com­pletamente confuso.

El hombre, por naturaleza, debería ser vegetariano porque todo su cuerpo está hecho para la comida vegetariana. Incluso los cientí­ficos reconocen que la estructura del cuerpo humano muestra que el hombre debería ser vegetariano. El hombre proviene del mono y los monos son vegetarianos, absolutamente - vegetarianos. Si Darwin tiene razón, entonces el hombre debería ser vegetariano. Hay actualmente maneras de juzgar si una cierta especie de animal es vegetariana o no vegetariana: depende del intestino, de la longi­tud del intestino. Los animales no vegetarianos tienen un intestino muy corto. Los tigres o los leones tienen un intestino muy corto porque la carne es ya comida digerida. No es necesario un gran intestino para digerirla. El trabajo de digestión ha sido hecho ya en gran parte por el animal, y tú te comes la carne del animal. Ya está digerida, no se necesita un intestino largo. El hombre tiene uno de los intestinos más largos: eso significa que el hombre es vegetaria­no. Se requiere de una larga digestión y habrá que arrojar una gran cantidad de excrementos al exterior.

Si el hombre no es vegetariano y come mucha carne su cuerpo se hará pesado. En oriente todos los grandes meditadores -Buda, Mahavira- han puesto un gran énfasis en este hecho, no debido a alguna concepción de la no violencia, lo cual es algo secundario, sino porque si quieres realmente entrar en meditación profunda necesitas un cuerpo ligero, que fluya de modo natural. Tu cuerpo necesita descargarse, y un cuerpo no vegetariano está mucho más cargado.

Observa simplemente lo que sucede cuando comes carne. Cuando matas a un animal, ¿qué le ocurre al animal? Desde luego, a nadie le gusta que lo maten. La vida quiere prolongarse a sí misma; el animal no muere voluntariamente. Si alguien te mata, tú no morirás voluntariamente. Si un león salta sobre ti y te mata, ¿qué es lo que pasará por tu mente? Lo mismo que le pasa a un león cuando lo matas: agonía, temor, muerte, angustia, ansiedad, ira, violencia, tristeza, todas estas cosas le ocurren también al animal. Toda esa agonía, violencia y angustia se difunde por su cuerpo. Todo su cuerpo se llena de toxinas, de venenos. Todas sus glándulas corporales liberan venenos, porque el animal está muriendo sin quererlo. Y entonces tú te comes su carne, una carne con todos los venenos que el animal ha liberado. Toda su energía es venenosa y todos esos venenos pasan a tu cuerpo.

Y esa carne que te comes pertenecía al cuerpo de un animal. En él cumplía un propósito específico. En el cuerpo del animal existía un tipo específico de consciencia. Tú estás en un plano más eleva­do de consciencia que el animal, y cuando te comes la carne del animal tu cuerpo desciende a un plano inferior, al plano inferior del animal. Se abre entonces una grieta entre tu consciencia y tu cuer­po y surge así una tensión, surge así una ansiedad.

Se deberían comer cosas naturales, cosas que son naturales para ti: frutas, nueces, verduras. Come de ello tanto como puedas. Y lo hermoso es que no puedes comer de estas cosas más de lo necesa­rio. Lo que es natural siempre te da satisfacción, porque tu cuerpo se sacia y se satura. Te sientes satisfecho. Cuando algo es innatural no te proporciona nunca la sensación de estar satisfecho. Comes helado y nunca te sientes saciado. De hecho, cuanto más comes más quieres. No es comida. Tu mente ha caído en la trampa. No te lo comes de acuerdo con lo que tu cuerpo necesita, te lo comes para saboreado. La lengua se ha puesto al control.

La lengua no debería ser la que controlara. La lengua no sabe nada del estómago, no sabe nada del cuerpo. La lengua tiene un propósito específico que cumplir: saborear la comida. Naturalmente, la lengua tiene que juzgar –y eso es lo único que ha de hacer- qué comida es apta para el cuerpo, para mi cuerpo, y qué comida no es apta para mi cuerpo. Es sólo un centinela en la puerta; no es el amo.

Si el centinela de la puerta se convierte en el amo todo resulta confuso.

Ahora bien, los anunciantes saben perfectamente que es posible engañar a tu lengua, que es posible engañar a la nariz. Y ellas no son los amos. Puede que no lo sepas, pero en el mundo se realizan muchas investigaciones acerca de la comida que demuestran que si tienes la nariz completamente tapada y los ojos cerrados y se te da a comer una cebolla, eres incapaz de decir qué estás comiendo. No puedes diferenciar una cebolla de una manzana si tienes la nariz completamente tapada, porque la mitad del sabor proviene del olfa­to, se percibe por la nariz, y la otra mitad lo percibe la lengua. Y estos dos sentidos se han puesto al control. Y los anunciantes lo saben. No importa si el helado es o no nutritivo: se le da un sabor y se le ponen unos productos químicos que satisfagan a la lengua aunque el cuerpo no los necesite.

El hombre está confundido, más confundido que los búfalos.

No puedes convencer a los búfalos para que coman helado. ¡Inténtalo!

Una comida natural. Y cuando digo «natural» me refiero a lo que tu cuerpo necesita. Las necesidades de los tigres son diferentes; ellos tienen que ser muy violentos. Si comes carne de tigre te vol­verás violento, pero ¿dónde podrás expresar esa violencia? Vives dentro de la sociedad humana, no en la selva. Tendrás que reprimir la violencia y comienza así un círculo vicioso. ¿Qué pasa cuando reprimes tu violencia? Te sientes enfadado y violento, cierta energía venenosa se libera porque ese veneno crea una situación donde puedes ser realmente violento y matar a alguien. La energía se desplaza hacia tus manos, la energía se desplaza hacia tus dien­tes; esos son los dos lugares donde los animales centran su violen­cia, y el hombre forma parte del reino animal.

Cuando te enfadas la energía se libera. Llega hasta las manos, hasta los dientes -las mandíbulas-, pero tú vives en una sociedad humana donde no siempre es provechoso enfadarse. Vives en un mundo civilizado y no puedes comportarte como un animal. Si te comportas como un animal tienes que pagar un alto precio y no estás dispuesto a pagar tanto. Así pues, ¿qué haces? Reprimes la ira de tus manos, reprimes la ira de tus dientes y vas por ahí sonriendo con una sonrisa falsa y tus dientes siguen acumulando ira.

Raramente he visto a alguien con una mandíbula natural. Es innatural -está bloqueada, rígida- porque allí hay mucha ira. Si presionas la mandíbula de una persona puedes liberar su ira. Las manos se ponen feas. Pierden su gracia, pierden su flexibilidad de tanto reprimir su ira. La gente que ha estado trabajando el masaje profundo descubre que cuando tocan las manos profundamente, masajeándolas, la persona comienza a sentirse enfadada. No hay ninguna razón. Estás masajeando a la persona y de repente comien­za a enfadarse. Si presionas su mandíbula, nuevamente la persona se enfada. Son portadoras de una ira acumulada.

Estas son las impurezas del cuerpo; tienen que liberarse. Si no las liberas, el cuerpo se mantiene pesado. Los ejercicios de yoga existen para liberar todo tipo de venenos acumulados en el cuerpo. Los movimientos de yoga los liberan; el cuerpo de un yogui tiene una flexibilidad que le es propia. Los ejercicios de yoga son total­mente diferentes de los demás ejercicios. No ponen fuerte el cuer­po; hacen que tu cuerpo sea más flexible. Y cuando tu cuerpo es más flexible eres más fuerte, pero en un sentido diferente: eres más joven. Hacen que tu cuerpo sea más líquido, más fluido, sin blo­queos corporales. El cuerpo entero existe en una unidad orgánica, a un ritmo profundo que le es propio. No es como la algarabía del mercado, es como una orquesta. Entonces, con un profundo ritmo en su interior, sin bloqueos, el cuerpo está puro. Los ejercicios de yoga pueden ser de una tremenda ayuda.

Todo el mundo acarrea mucha basura en el estómago porque es el único espacio del cuerpo donde puedes reprimir cosas. No hay otro espacio. Si quieres reprimir algo has de reprimirlo en el estó­mago. Si quieres llorar -porque se ha muerto tu esposa, se ha muerto tu amada o se ha muerto tu amigo- pero no está bien visto hacerlo, parecerías un debilucho llorando así por una mujer, te reprimes. ¿Y dónde pones ese llanto? Pues tienes que reprimirlo en el estómago, naturalmente. Ese es el único espacio accesible del

cuerpo, el único lugar vacío donde puedes forzarlo a entrar.

Si reprimes emociones en tu estómago... y todo el mundo ha reprimido todo tipo de ellas: el amor, la sexualidad, la ira, la tristeza, las lágrimas... incluso la risa. No puedes reírte con esa risa que nace del vientre. Es muy basta, resulta vulgar; parecerías un incul­to. Lo has reprimido todo. Debido a esta represión eres incapaz de respirar profundamente, tienes que respirar superficialmente. Si respiraras profundamente, entonces todas esas heridas causadas por la represión liberarían su energía. Tienes miedo de ello. Todo el mundo tiene miedo de entrar en su estómago.

Todos los bebés, al nacer, respiran a través del vientre. Contempla a un niño durmiendo: el vientre sube y baja, no el pecho. Ningún bebé respira con el pecho; todos respiran con el vientre. Por eso entonces son completamente libres, no reprimen nada. Sus estómagos están vacíos y ese vacío hace bello el cuerpo. Cuando el estómago está repleto de represiones el cuerpo queda dividido en dos partes, la inferior y la superior. Entonces tú no eres uno, eres dos. La parte inferior es la parte que se descarta. La uni­dad se pierde; en tu ser ha penetrado la dualidad. Ahora ya no pue­des ser hermoso o hermosa, no puedes tener encanto. Acarreas dos cuerpos en vez de uno, y siempre persistirá una grieta entre los dos. No puedes caminar graciosamente. Es como si, de algún modo, tuvieras que llevar a tus piernas. De hecho, si el cuerpo es uno tus piernas te llevan. Si el cuerpo está dividido en dos, entonces tú tie­nes que llevar a tus piernas.

Tienes que arrastrar tu cuerpo. Es como una carga, no puedes disfrutar de él. No puedes disfrutar de un buen paseo ni puedes dis­frutar al nadar ni puedes disfrutar al correr porque el cuerpo no es una unidad. Para realizar todos estos movimientos y para disfrutar­los es preciso que el cuerpo se reúna. Hay que crear nuevamente un único son: hay que limpiar completamente el estómago.

Para la limpieza del estómago se requiere de una respiración muy profunda; porque cuando inhalas profundamente y exhalas profundamente el estomago arroja todo lo que está acarreando. Durante las exhalaciones el estómago se libera. De aquí la impor­tancia del pranayama, de realizar una respiración profunda rítmi­camente. Debe ponerse el énfasis en la exhalación para que se libere todo lo que el estómago ha estado acarreando innecesariamente. Y si tienes estreñimiento, cuando el estómago ya no acarrea emociones­ en su interior desaparece súbitamente. Cuando reprimes tus emociones en el estómago se produce estreñimiento porque el estómago no tiene libertad de movimientos. Lo estás controlando profundamente; no puedes permitirle que se libere. De modo que si hay emociones reprimidas habrá estreñimiento. El estreñimiento es una dolencia más mental que física. Es más de la mente que del cuerpo.

Pero recuerda: no estoy dividiendo la mente y el cuerpo en dos. Ambos son aspectos de un mismo fenómeno. La mente y el cuerpo no son dos cosas diferentes. De hecho, decir «mente y cuerpo» no es adecuado; la expresión correcta es «mente-cuerpo». Tu cuerpo es un fenómeno psicosomático. La mente es la parte más sutil del cuerpo, y el cuerpo es la parte más burda de la mente. Y ambos se afectan mutuamente; van en paralelo. Si reprimes algo en la mente, el cuerpo iniciará un viaje hacia la represión. Si la mente lo libera ­todo, también el cuerpo liberará todo. Por eso es por lo que pongo tanto énfasis en la catarsis. La catarsis es un proceso de limpieza.

Todo esto son austeridades: el ayuno, la alimentación natural, la respiración profunda y rítmica, los ejercicios de yoga, vivir una vida más natural y flexible, crear cada vez menos actitudes repri­midas, permitir que el cuerpo hable por sí mismo y seguir sus sabios dictados...

Cuando el cuerpo sea puro verás que afloran nuevas y tremen­das energías y se abren nuevas dimensiones ante ti, que se abren súbitamente nuevas puertas y nuevas posibilidades. El cuerpo guarda oculto mucho poder. Cuando se libere no te lo podrás creer, no podrás creerte que el cuerpo contuviera tantas cosas y tan a tu alcance.
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   32






© 2015
contactos
l.exam-10.com