El genesis: de la creacion a la vocacion de abraham






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CONCLUSIONES DEL SEGUNDO RELATO DE LA CREACION
El segundo relato de la creación dice, fundamentalmente, las mismas cosas que el primer relato, pero las dice en otra forma.
• Que sólo Dios es dios.
• Que Dios lo ha creado todo. La nada aparece representada como un desierto. Dios ha creado al hombre, a la vegetación (el jardín de Edén), a los animales.
• Dios ha creado todo bueno. Por lo menos no es él quien ha puesto en lo creado algo malo.
• La mujer y el hombre tienen la misma dignidad; eran uno y están destinados a volver a ser uno complementándose.
• El ser humano es lo más importante de la creación. Según la mentalidad popular hebrea lo que fue creado primero es lo más importante y el hombre fue creado en primer lugar. Todas las plantas le sirven de comida; los animales fueron creados como ayuda para el hombre (aunque la ayuda necesaria perfecta sólo la encontrará en su mujer).
• El hombre se realiza como hombre en el trabajo. Dios crea al hombre para cultivar y guardar el jardín que él ha puesto.
• La sexualidad es buena y no tiene por qué ser motivo de verguenza.

CAPITULO TERCERO DEL GENESIS. EL ORIGEN DEL PECADO

Este capítulo trata de responder a la siguiente pregunta: ¿"Señor, no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, ha salido la cizaña que aparece"? (Mateo 13, 17 y ss.). ¿Cómo ese mundo que Dios había creado bueno ha venido a ser malo? ¿Quién es el origen del mal en el mundo? (De todo tipo de mal).
Los demás pueblos resolvieron muy fácilmente este problema. El origen del mal, según ellos, era un dios malo que introdujo el mal en el mundo creado por el dios bueno. Pero los judíos no podían dar esa respuesta; para ellos no existe más que un dios y ese dios es bueno. No hacen culpable del mal en el mundo a un semidios o a un espíritu del mal; el mal se ha originado en el hombre; es el corazón del hombre el que introduce libremente el mal en el mundo (ver Marcos 7, 21-23).
Si leemos en paralelo Ezequiel 28, 1-19 (sobre todo desde el versículo 11 al 19) o Isaías 14, 3-21, tendremos la mejor medida de la intención del autor.
3, 1: "La serpiente era la más astuta de las bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: ¿cómo es que Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín?
Fijémonos en que el autor no dice en ningún momento que la serpiente fuera Satanás. Todo lo contrario, dice expresamente que la serpiente era el más astuto de los animales que Dios había creado y Dios lo ha creado todo bueno (Génesis 1, 31).
• La serpiente era considerada en casi todos los pueblos de la antiguedad un animal divino que poseía conocimientos sobrehumanos. En Canaán era el símbolo de la fecundidad de la tierra y participaba en los ritos de la fecundidad que constituyeron la eterna tentación para los hebreos. En dichos ritos intervenía la mujer(una sacerdotisa), un árbol con su frutos, una serpiente; todos los elementos que van a aparecer como negativos para el hombre en el capítulo que estudiamos. ¿Había una manera más clara y más pastoral y más judía de decirle al pueblo que en esos ritos no iba a encontrar sino la causa de su castigo y degradación? ¿Había una mejor forma de hacer a la serpiente un animal antipático y peligroso?
En otros pueblos, la serpiente era un animal semidivino porque "conocía los secretos de la vida y de la muerte ". Daba la muerte con su picadura y daba la vida a través del órgano genital masculino, cuyo símbolo consciente o inconsciente era. Parecía, según la mentalidad popular, dueña del secreto de la inmortalidad porque cambiaba de piel y se renovaba cada vez que ésta se avejentaba.

• Fijémonos en que la serpiente tan sólo plantea la posibilidad de que quizás el hombre haya entendido mal a Dios, ya que Dios no puede haber querido decir eso. Lo astuto de ese asunto está en que la serpiente pretende trabajar tan sólo en favor de Dios. La serpiente sabe de un Dios más grande y más noble, de un Dios que no necesita de tales prohibiciones. La serpiente sabe que la tentación sólo tiene fuerza de verdad si se presenta como viniendo de Dios, como representando la causa de Dios. Con esta tentación se ataca la actitud fundamental de la criatura respecto al creador. Con ella se lleva al hombre a que se convierta en juez de la palabra de Dios, en vez de escucharla y cumplirla sencillamente.
• La serpiente, en algunos pueblos antiguos, servía en ritos de vaticinio; su nombre (“nahas”), en hebreo, suena a "vaticinio". El autor dice: la serpiente dio en el origen un vaticinio equívoco, ¿cómo podemos fiarnos ahora?
3, 2-3: "La mujer contestó a la serpiente: Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; sólo del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: no coman de él ni lo toquen, bajo pena de muerte".
El que peque tiene que morir, según la mentalidad del pueblo hebreo. Sólo hay vida en el ámbito de la alianza con Dios pactada en el Sinaí; el que no guarde la alianza, el que la rompa con el pecado, queda en el ámbito de la muerte y debe morir. Por eso en el Exodo se condena a muerte a un hombre aun por recoger un haz de leña en sábado (Números 15, 32-36), porque se ha violado la alianza, que manda guardar el sábado. Todo este relato del Génesis se pone por escrito cuando se ha vuelto del destierro (una muerte de la nación como tal y la muerte física de muchos), destierro que interpretaban como castigo por haber roto la alianza.
Fijémonos en que la mujer (todavía en el paraíso) cree a la serpiente. No aparece aquí esa sabiduría especial con la que Dios hubiera dotado al ser humano antes del pecado (según la teología tradicional; los llamados "dones preternaturales").
Suplantar a Dios significa aniquilar al autor de la vida, por eso el día en que el hombre quiera suplantar a Dios y coma del fruto para ello, tendrá que morir.
San Pablo (Romanos 5, 12-19) dirá después que por un pecado entró la muerte en el mundo y que la muerte alcanza a todos porque todos seguimos pecando.
• Atención: En Génesis 2, 9 ha dicho que el árbol que está en medio del jardín es el árbol de la vida, no el del conocimiento del bien y el mal. Tan poca importancia tiene eso para el redactor que no se cuida de esos detalles o contradicciones. Lo que importa no es cada uno de los detalles incluidos en la redacción, sino el para qué se pone tal relato?, ¿cuál es la intención del autor?. ¿Qué me quiere decir a mí, lector de todos los tiempos?
3, 4-5: "La serpiente respondió a la mujer: no es verdad que tengan que morir. Bien sabe Dios que cuando coman de él, se les abrirán los ojos, y serán como Dios en el conocimiento del bien y el mal".
Ser como Dios en el conocimiento del bien y el mal no es saber qué es bueno y qué es malo, sino decidir qué es bueno y qué es malo, crear leyes, juzgar. La facultad de hacer leyes y juzgar, como la de ser inmortal, es una de las dos propiedades esenciales de la divinidad. Podemos leer en paralelo 1 Reyes 3, 9 y 2 Samuel 14, 17.
Fijémonos en que la serpiente estaba en este caso diciendo la verdad; Dios mismo lo expresará así en Génesis 3, 22: He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros.
3, 6: "La mujer se dio cuenta de que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia; y cogió un fruto, comió, se lo alargó a su marido, y él también comió.
Lo que la mujer hace aquí, parece ser el prototipo de pecado: ver, desear, coger. Por ejemplo, en Josué 7, 20-21: Acán describe exactamente igual cómo cometió su pecado de sacrilegio.
3, 7: "Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron".
La desnudez en la antiguedad no tenía el mismo sentido que actualmente. La desnudez era lo propio de los esclavos, lo propio de la máqs absoluta pobreza. En Ezequiel 16, 8-13, 39 y en Oseas 2, 5 tenemos unos paralelos que nos aclaran la expresión.
Lo que este versículo quiere, pues, decir, es lo siguiente: conocieron que estaban en la más absoluta pobreza. Es una magnífica ironía teológica: se les iban a abrir los ojos y ser como Dios en el conocimiento del bien y del mal. Se les abrieron los ojos y lo único que vieron es que se habían quedado "en pelotas".
3, 8-10: "Oyeron al Señor que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín. Pero el Señor Dios llamó al hombre: ¿Dónde estas? , él contesto: Te oí en el jardín, me dio miedo porque estaba desnudo, y me escondí".

Pasearse por el jardín a la hora de la brisa (al caer de la tarde) es lo que hacían los grandes señores en Babilonia y los judíos piensan que el Señor de todo lo creado no puede ser menos. No por gusto, la palabra brisa, viento suave, "rúaj", es la misma que "espíritu". No por gusto, el hebreo encontrará la presencia de Dios en la suave brisa (1 Reyes 19, 11 y ss.; 2 Samuel 5, 24). Recordar que en esos pueblos del desierto todo el mundo permanece encerrado en su casa o tienda por el exceso de calor hasta la hora de caer el sol, hora en que llega la brisa y los pueblos recobran la vida.
El hombre se esconde. La primera forma de huir es esconderse. Es alejarse de Dios porque uno tiene conciencia de pecado. La segunda forma de huir es echarle la culpa a otro (a Eva, a la serpiente, a Dios): la mujer que tú me diste, el animal que tú hiciste...(¿el Diablo que tú creaste­?).
3, 11-13: "El Señor Dios le replicó: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿A que has comido del árbol que te prohibí comer? El hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me a largo el fruto y comí. El Señor Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Ella respondió: La serpiente me engañó y comí".
Nadie quiere cargar con la responsabilidad de sus actos. Lo terrible de este relato es que expresa magistralmente el "mito" del hombre de todos los tiempos. Cuando a un hombre se le pregunta: ¿Por qué metiste la pata? Responde: la mujer que Tú hiciste... Siempre es otro el que tiene la culpa. Y Eva le echó la culpa a Dios, según este versículo; se la echó a la serpiente que Dios había creado, y la pobre serpiente cargó la culpa porque ella no podía echársela a otro. En el Evangelio (Marcos 7, 21-23) Cristo nos dice que no podemos echarle la culpa, como Adán o Eva, a nadie; que es nuestro corazón podrido el causante de todos los males. No hay Satanás mayor que nos tiente que las podridas intenciones que proceden de nuestro corazón, dice Jesús.
3, 14-15: "El Señor Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho eso, maldita tú entre todos los animales y todas las bestias del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer; entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón".
Es una forma de decir que la relación entre el hombre y los animales ha quedado quebrantada por el pecado.
El autor explica la razón popular de por qué la serpiente no tiene patas y tiene que arrastrarse sobre el polvo de la tierra, viene a decir­:es por un castigo de Dios por un pecado.
Comer polvo arrastrándose sobre el vientre es el símbolo, en todos los pueblos de la antiguedad, de la mayor humillación y ruina. Podemos leerlo así en: Salmo 72, 9; Miqueas 7, 17; Isaías 49, 23.
Desde luego, en estos versículos el autor no tiene la intención de revelarnos ni una palabra acerca de María, madre de Jesucristo. Tampoco tenía la intención de revelarnos la existencia de Satanás como origen de nuestros pecados.
3, 16: "A la mujer le dijo: mucho te haré sufrir en tus embarazos, parirás hijos con dolor, buscarás con deseo a tu marido y él te dominará".
La sexualidad, por el pecado, ya no será una bendición, sino una pasión. La fecundidad será un sufrimiento. Ya no habrá relación equilibrada o igualitaria entre el hombre y la mujer; desde ahora el hombre dominará a la mujer. No es esto lo que Dios quiso, esto es lo que hace el pecado y las cosas no serán como Dios las quiso mientras haya pecado.
3, 17-19: "Al hombre le dijo: porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti espinas y cardos, y comerás yerba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás".
La tierra es madre del hombre y, en la mentalidad hebrea, absolutamente solidaria con él. Tierra y hombre se pertenecen en las buenas y en las malas, puesto que de la tierra ha sido hecho Adán.
El trabajo no es castigo; lo que es castigo del pecado es la dureza con la que hay que trabajar.
Se procede de la madre, pero no se puede volver a su seno mientras se vive. En Job 1, 21; Salmo 138, 13; Eclesiastés 40, 1 e Isaías 26, 19 se encuentra la misma idea. La vida del hombre se desarrolla entre el seno de la madre y el seno de la tierra, que es madre de todos.
3, 20: "El hombre llamo a su mujer "Eva", por ser la madre de todos los que viven".
El redactor juega con el nombre de Eva. En Hebreo se dice "hawah"=ser viviente. Esa misma palabra significa en sumerio "madre". Eva resulta, pues, ser la madre de todos los seres humanos vivientes.


3, 12: "El Señor Dios hizo vestidos de piel para el hombre y su mujer y se los vistió".
Dios no abandona al hombre y cuida de él aun cuando haya pecado.
3, 22-23: "Y el Señor Dios dijo: miren, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre. Y el Señor Dios expulsó del jardín de Edén, para que labrara el suelo de donde lo habían sacado".
Maravillosa ironía de Dios o, por lo menos, del redactor: el hombre ha llegado a ser como Dios; ¿en qué se nota? El hombre, según el redactor, ha pretendido arrebatarle a Dios uno de sus atributos, debe impedírsele que pretenda arrebatarle el otro: la inmortalidad.
El "mito" de Adán y Eva arrojados del paraíso por desobedecer a Dios era una excelente manera de decir al pueblo de Israel: ¡cuidado!, Dios te ha colocado en esta tierra que mana leche y miel (un paraíso), pero si lo desobedeces, si rompes la alianza, serás arrojado de ella, serás desterrado.
En la subconsciencia del hombre está ver el vientre de la madre como un paraíso al que se desea volver. El paraíso nunca está "atrás", en el pasado. El hombre sólo empieza a ser verdaderamente él cuando sale del paraíso; la historia del hombre empieza con su expulsión de ese lugar. Lo mismo pasa con el hombre (de todo hombre)y el seno materno. Podemos leer en paralelo la historia de la vocación de Abraham (Génesis 12, 1).
3, 24: "Echó al hombre y al oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida".
Los querubines ("Karabu", en sumerio) eran unos seres mitológicos con cuerpo de toro, patas de león, alas de águila, y cabeza de hombre, y que se colocaban en Babilonia a la puerta de los templos y como brazos de los tronos de los reyes, para vigilar y proteger. Al hacer excavaciones arqueológicas en Asiriobabilonia se los ha desenterrado y están ahora en muchos museos.
La espada llameante que se agita no es otra cosa que un relámpago de bronce o de piedra que se colocaba (también en Babilonia) sobre las puertas de un templo.
Lo que el autor quiere decir es que Dios mismo ha velado para que el hombre no pueda regresar al Edén. El hombre no puede volver al seno materno. En el Evangelio de Juan (3, 1-8) se nos dice que es necesario nacer de nuevo y que eso se hace en forma símbolo-sacramental por medio del bautismo. También esta forma de volver al seno de la madre exige la muerte; hay que morir a la vida pasada y configurarse con Cristo muerto(ver Romanos 6, 3-4) y re-generarse.
NOTA A LOS PRIMEROS CAPITULOS DEL GENESIS

Probablemente el redactor final partió de la experiencia diaria. ¿Qué encuentro en la vida diaria? Un mundo en el que el hombre aplasta y oprime a su propia mujer; un mundo en el que la mujer pare hijos con dolor; un mundo en el que el hombre trabaja la tierra duramente y a veces ésta se niega a dar su fruto; un mundo en el que el hombre y los animales están no en colaboración, sino en guerra perpetua; un mundo en que a veces un hermano mata a otro hermano. El redactor final se pregunta: ¿pudo Dios, que es bueno, crear un mundo así? Dice: No. Dios lo hizo todo bueno; y entonces pone el relato de la creación recién salida de las manos de Dios. Se pregunta de nuevo: ¿Y qué fue lo que sucedió entre la creación del mundo tal como salió de las manos de Dios y como la encontramos ahora? ¿Cómo el mundo, que salió bueno de las manos de Dios, ha llegado a ser como lo encontramos ahora? ¿De quién es la culpa? ¿De algún dios del mal? No; el culpable es el hombre, y entonces redacta el capítulo tercero en el que explica cuál es el origen del mal en el mundo.
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