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LA SOCIEDAD TELEDIRIGIDA

GIOVANNI SARTORI

PUNTO DE LECTURA SEPTIMA REIPRESIÓN 2006

Prefacio 1

Homo SAIPIENS 4

EL PROGRESO TECNOLÓGICO
6



El video-niño 9



PROGRESOS X REGRESIONES 13


EL EMPOBRECIMIENTO DE LA CAPACIDAD DE ENTENDER
15


INTENET Y CIBERNAVEGACIÓN 19

VIDEO POLÍTTCA
25



FORMACIÓN DE LA OPIMÓN
27


EL GOBIERNO DE LOS SONDEOS 30

MENOS INFORMACIÓN 34

Prefacio



«Jor qué flO le dais a la gente libros sobre Dios?». Por la misma razon por la que no le damos Otc’io; son viejos; tratan sobre el l)ios de hace cien añu<, no sobre 1 Dius de hoy. «Pero l)ios no cainb a.» los hombres, sin embargo, sí.
DOL iTt \I.J \, Ln 111 11/1(10 f?Iiz
5

• • • •• —— -. -

Nos encontramos en plena y rapídisiina revolución multimedia. Un proceso que tiene numerosas ramificaciones (Internet, ordenadores personales, ciberespacio) y que, sin embargo, se caracteriza por un común denominador: tele-ver, y, como consecuencia, nuestro vídeo-vivir. En este libro centraremos nuestra atención en la televisión, y la tesis de fondo es que el vídeo está transformando al horno sapiens, producto de la cultura escrita, en un horno videns para el cual la palabra es’ui destronada por la imagen. Todo acaba siendo visualizado. Pero ¿qué sucede con lo no visualizable (que es la mayor parte)? Así, mientras nos preocupamos de quién controla los medios de comunicación, no nos percatamos de que es el instrumento en sí mismo y por sí mismo lo que se nos ha escapado de las manos.
Lamentamos el hecho de que la televisión estimule la violencia, y también de que informe poco y mal, o bien de que sea culturalmente regresiva (como ha escrito Habermas). Esto es verdad. Pero es aún más cierto y aún más importante entender que el acto de tele-ver está cambiando la naturaleza del hombre. Esto es el porro mmm, lo esencial, que hasta hoy día ha pasado inadver‘3 t

do a iiuestra atenci’ni, , en elnear y s bastante c -
ue el mundo en el Que 1\ IlIOS dOoVj (h1- 105 traijes nonu)ros dci valeo uno»’ un ‘Io auno ular dc ser humano CdCcJ(lo Lii CI te/e :‘- —uelan de un le o>or — lncftI>o m es de jljCr , cscrdur
Ln Li prnnLra tui-te le este lnro me ocupo u ocLlpo Je la trimam de iii 7/1111(1:, (ICCO- de ia ponderanc a de lo isible sobre jo niclipibju lo tuil nos lleva a un er sin entender. e esta la premisa fundaIllental Con la cual examino Sucsi amente iC 1/drO -pOlítica, y el poder político de la teie ision. Pero a lo largo de este recorrido mi atención se concentra en la paide/a, en el crecimiento del vídeo-niño, en los procesos lormadores de la opinión pública y en cuanto saber pasa, y no pasa, a través de los canales de la comunicación de masas. El más cáustico en esta cuestión es Baudrjljard:
«La información, en lugar de transformar la masa en energía. produce todavía IfldS masa», Es cierto que la televisión, a diferencia de los instrumena)s de comunicación que la han precedido (hasta la radio), destruye más saber y más enteudimieio del que transmite.
Quede, pues, claro: ataco
al zideas, pero no me hago ilusiones. No pretendo frenar la edad multinie_ (ha. Sé perfectamente que en un periodo de tftmpo no demasiado largo una mayoría de la población de lOS países opulentos tendrá en casa, además de la telex isión, un mini-ordciador conectado a Internet Este desarrollo es inevitable en ultimo extremo, útil; pero es útil siempre que no deseniboqueinos en la riJa iniitd, en un modo (le s ivir que consista sólo en matar el tiempo. Así pues, no pretendo detener l ine itable, Sin embargo, espero

poder asustal lo suficiente a lOS padres çobr le que podría sucederle a su vdco-niño. para que asi lleguen a ser padres más responsables. Espero que la escuela abandone la mala pedagogía la deirradacion en la que Ile caido. Y, pm tanto, tengo ie en una escuela apta para opnersc a ese postprnsumiente que ella misma está avu dando a crear. iCilgo la esperanza (le que los periódicos sean Illejores Y. a la postre, que la tele iSiofl también io sea. además, aunque la mía fuera una batalla perdida de antemano, no mc importa. (Lomo decía Guillermo d’Orange,
ni de réussir pour persévérer>, no es necesario esperar para emprender, ni lograr para perseverar.

En coto nueva edición hv orofundizado tón nias en Ci DUOtO centrai de mi dscurso: e1 hecho de que la televisión modihca radicalmente y empobrece Ci aparato cognoscitivo del horno snpie/s. Los críticos han contrapuesto a esta tesis de tondo un í7ii de 11011 récetoir, es decir, que no era orhtinal, que el-a algo «va visto». ;De verdad? ;Dónde? Siempre es cómodo encontrar autores y citas que apoyen nuestras teorías. A la espera de ello, la cuestión es si mi tesis es errónea. Sea original o no, ¿es verdadero o falso que e1 hombre vídeo—formado se ha convertidc) en alguien incapaz de comprender abstracciones, (le entender conceptos?
Es lógico
que se me acuse tambén de ser apocalíptico, pero ésta es una crítica de rigor que no me impresiona. Si las cosas van mal, digo sin demasiado «salomonismo» que van mah tal vez exauero un poco, pero es porque la mía quiere ser una profecía que se autodestru— ye, lo suficientemente pesimista como para asustar e inducir a la cautela. Y ci hecho de que la primera edición de este pequeño libro se haya agotado enseguida, me incita a esperar. Quizá significa que ha saltado la alarma y que el problema se ha hecho sentir.
\ueea Vbrk. enero de 1

En esta edición de 1999, el texto de 1998 (segunda edición) no ha sufrido variaciones. Es justo que el libro conserve su versión original. Ile preferido, así pues. ampliar y profundizar mi discurso con un apéndice. Resulta que el libro ha recibido mucha atención, y su traducción al español inc ha hecho pasear por Madrid x’ por América Latina durante casi un mes. De ese mes de incesantes presentaciones y debates he sacado nuevos estímulos y nuevas ideas. Mas, quede claro, Horno z’idens es un texto construido. como se dice hoy, sobre una tesis «fuerte»: no es que las nuevas ideas elaboradas en el apéndice la atenóen. Es más, si acaso la refuerzan. Porque esto)’ ms convencido que nunca dc la tesis de que nos encontramos en un momento de mutación genética.

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